LO SE VE A LEGUAS



La juventud dominicana perteneciente a la generación denominada “baby boomer” vivió loca en ganas por crecer y hacer cosas, que estaban reservadas para “hombres de pelo en pecho”, o en el caso de féminas, para “mujeres que les pesara el ruedo de las faldas”. 

Hoy en día, es muy valioso saber aquilatar cuál es el precio de esa espera que obligaba a madurar y reflexionar antes de actuar para estar más consciente del peso que debemos soportar con las obligaciones que asumimos.

¡Cuanta formalidad innecesaria..! diría un rapero de los que cultivan el género urbano de esta generación para envilecer a mortales que se dejan arrastrar por la histeria de estar al compás de los tiempos.

Los jóvenes que se dejan arrastrar por el camino que conduce hacia ese laberinto, ni siquiera conocen los más elementales indicios de moralidad y buenas costumbres. 

No tienen metas claras en su vida, pero buscan riquezas y fama a como de lugar.

  • ¿Qué lo qué Muñingo? ¿Qué e’lo que tú monta?
  • Tú sabes…. En eso
  • ¿De verdad?
  • Pa´que sepas… .¿Cuento contigo?
  • Tírame cuando quieras, soy tu bro, ta..tó..

Un diálogo así, usando una lunfa endiablada, hace pensar cosas diferentes, desde varios ángulos, cosa que no ocurría en tiempos anteriores, cuando se planteaba el deseo de lograr una ocupación en un lugar de trabajo. 

  • Buenos días Benigno, ¡Cuanto me alegra verte! ¿A qué te estás dedicando?
  • Luego de concluir mi carrera, me estoy introduciendo en operaciones de compra y venta de valores. Soy corredor de bolsa, lo que algunos le llaman, trader.
  • ¡Que bien! Es una profesión muy buena. Te felicito, sinceramente.
  • Gracias, mi hermano, aquí te dejo mi tarjeta, por si te puedo resultar útil para lo que esté a mi alcance.
  • Gracias a ti..! Te tendré muy en cuenta.

El sentido común hace presumir, que los buenos modales se han ido deteriorando desde que la sociedad empezó a darse cuenta de la degradación paulatina del ejercicio de ciertas profesiones liberales y desde que cualquier personaje rutinario, simpático, “sobrao”, “tracendío”, “freco”, metiche, “entremetío”, “presentao” y demás calificativos barriales y rurales, penetra en ambientes que no están a su altura. 

Su fama en muchos ambientes de mal gusto los convierten hasta en candidatos a cargos públicos. 

Pagan dinero de dudosa procedencia para ser nominados y llegan a sentarse en una cómoda   poltrona  para bostezar,  “echar una pavita”, hablar por el celular y cualquier otra cosa, menos estar atento a su ambiente de trabajo. 

El regreso a las aulas de la disciplina y la obligatoriedad de contar con preparación académica acorde con los requerimientos para poder desempeñar un cargo público no puede esperar más.


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